España: Espectáculo de luz y sonido
España: Espectáculo de luz y sonido
August 31, 2015 0 Comments

La ausencia de viento deslució el lanzamiento del material pirotécnico ante miles de personas que colapsaron el Niemeyer y los accesos a la ría

Fue un visto y no visto. Por esa extraña regla que no está escrita, tenía que ser uno de los años de mayor asistencia de público cuando menos luciesen los fuegos artificiales de San Agustín. Porque público hubo en todas partes, hasta el agobio en algunos puntos del entorno de la ría. Una hora antes del lanzamiento ya no quedaba ni un sitio en esos ‘palcos vip’ improvisados al aire libre para seguir el espectáculo en un lugar privilegiado. Las vistas desde el Niemeyer se ocuparon casi desde el inicio del concierto de Edurne en la plaza, pero el paseo de la ría en Conde de Guadalhorce tampoco le fue a la zaga. Había tanta gente que cruzar las vías en el paso a nivel de Larrañaga se convirtió por momentos en un embotellamiento humano. Unos metros más atrás, casi ya con el inicio de los primeros voladores, esos que anuncian los fuegos, en el parque de El Muelle el metro cuadrado libre se cotizaba caro, tanto que hasta la calle de Emile Robín todo eran cabezas mirando al cielo.

En los restaurantes de los alrededores, comensales y hosteleros apuraban la copa y el puro para no perderse el espectáculo que había preparado un año más la pirotecnia carreñense Morís. Casi nadie se lo perdió, pero muchos no pudieron ver lo mejor, o sea, el principio. No porque se concentrase ahí la mayor vistosidad del material pirotécnico lanzado al cielo avilesino, sino porque la ausencia de suficiente viento en la calurosa noche veraniega de San Agustín solo permitió disfrutar de las primeras figuras de color y sonido.

Escasa visibilidad

A partir de los primeros minutos el humo ya había instalado una especie de cortina entre la imagen y el público, hasta el punto de tener que intuir algunas de las formas que intentaban abrirse paso en el cielo. Casi cualquier sitio se convirtió en malo en ese momento, a pesar de las estudiadas localizaciones que siempre buscan algunos en la noche más esperada de las fiestas. Ermita de La Luz, explanada del PEPA en la falda de Valliniello, Centro Niemeyer, paseo de la ría, vieja rula pesquera, parque de El Muelle... Sólo unos pocos privilegiados, los que estaban en primera línea de ría, disfrutaron de los fuegos acuáticos en todo su esplendor.

El resto se conformaba con apreciar el colorido del material pirotécnico que alcanzaba mayor altura, como queriendo asomarse detrás de la cortina de humo que cubría a modo de nube pasajera el cielo de Avilés. El sonido puso el resto, en especial con la traca final que parecía quejarse por la ausencia de viento.

Al final, aplausos entre el público –el Ayuntamiento había previsto 20.000 personas, pero a tenor del aspecto que presentaban los alrededores de la ría se antoja que se quedaron cortos–. Pero el espectáculo siguió tras los fuegos, porque ver a una ‘marea’ humana volver a casa o a seguir celebrando San Agustín impresionaba casi tanto como el material pirotécnico.

Fuente: El Comercio

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